Si bien el cuerpo nos ayuda a realizar nuestras tareas diarias, es la mente la que tiene control de nuestras emociones. Por tanto, la salud mental y la salud física son componentes esenciales para alcanzar un estado de bienestar y salud.
Sin embargo, “muchas veces hablamos de salud mental y de salud física como parte de un modelo que hemos aprendido a través del tiempo donde se consideraba que [la salud física y la mental] eran dos cosas diferentes”, destacó la doctora María de los Ángeles De Jesús, quien es facultativa del Programa de Residencia de Medicina de Familia del Manatí Medical Center (MMC).
Cuando las personas se encuentran en óptimas condiciones de salud física pueden realizar diversas actividades como ir a la escuela o el trabajo, realizar deportes y fomentar el bienestar personal y social. Sin embargo, la salud física puede verse afectada por el estilo de vida de cada individuo y las emociones que despierta el entorno donde vive o trabaja y su capacidad de solucionar problemas.
Esto sucede porque “el cerebro es el centro de mando del cuerpo. El cerebro es el que le envía un mensaje a todas las partes y los órganos importantes del cuerpo como el hígado, páncreas y el corazón. El cerebro es el centro de mando que dirige todo”, explicó el doctor Edvard Pharel, quien dirige el Centro de Bienestar Integral de la Universidad Sagrado Corazón (USC).
Según los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. Sin embargo, Farell destaca que “mucha gente piensa que al no tener ninguna condición médica está en buena salud, pero en realidad no, porque no están en un buen estado mental y social”.
Tanto De Jesús como Pharel creen que el hecho de que una persona se sienta bien a nivel emocional ayuda a mejorar el estado físico, sobre todo, cuando se enfrenta alguna enfermedad o problema de salud. Esa es la razón por la Pharel entiende que “la salud física y salud mental no se pueden ni deben separar. Ese es un binomio que hay que mantener en equilibrio constante”.
Existe evidencia científica que evidencia las relaciones entre problemas emocionales y enfermedades físicas. Según Fharel, de esa evidencia surge la popular expresión “mente sana, cuerpo sano”, que pretende describir lo que es la salud plena, tal y como la describe la OMS.
Precisamente, un estudio publicado en la Gazeta Médica de México confirma que factores la depresión severa, el exceso de estrés, la falta de descanso, entre otros factores emocionales, pueden influir en la salud física debilitando el sistema inmune, descontrolando el sistema endocrino, provocando problemas cardiovasculares, entre otros efectos.
Por eso, De Jesús señaló que, aunque la neurología, la endocrinología, la inmunología y la psiquiatría, son especialidades del conocimiento médico con campos de actividad claramente definidos y personalidad propia, ha surgido una nueva rama de la salud que pretende ofrecer un marco de referencia preciso para entender las complejidades de múltiples padecimientos: la medicina psicosomática.
La medicina somática trata de la investigación científica de la relación entre los factores psicológicos y los fenómenos fisiológicos en general. Dentro de la medicina psicosomática, se encuentra una disciplina llamada psiconeuroendocrinoinmunología y, a través de ella, científicos han logrado evidenciar que las emociones, el estrés, la ansiedad y la depresión provocan cambios en el sistema hormonal, inmunitario y digestivo.
Según un artículo titulado Modelos Conceptuales de la Medicina Psicosomática, publicado en la Revista Colombiana de Psiquiatría, en términos generales, la psiconeuroendocrinoinmunología explica que, por ejemplo, cuando se padece una gripe o catarro, el sistema inmune libera sustancias inflamatorias que provocan una reducción en los niveles de serotonina y dopamina, dos sustancias muy relacionadas con el estado de ánimo. Entonces, “la respuesta inflamatoria ‘le dice’ al cerebro que debe cambiar sus prioridades, ahorrar energía y luchar contra el evento patógeno”, lee el artículo.
Por eso, cuando una persona tiene gripe se siente cansada, decaída, siente que no puede pensar con claridad y se siente dolorida.
Esta relación entre lo físico y lo emocional, también se produce a la inversa. El estrés crónico y la depresión promueven la síntesis y la liberación de las citocinas proinflamatorias que envían una comunicación al cerebro produciendo fiebre, dolor de cabeza y problemas digestivos.
La síntesis y liberación de citocinas proinflamatorias por un tiempo prolongado puede tener otros efectos indirectos. Por ejemplo, “algunos signos de depresión son falta de deseos de hacer las cosas que le gustan a la persona y la falta de apetito. Sabemos muy bien que el cuerpo necesita los nutrientes que son indispensables para el bienestar. Así que cuando dejó de consumir alimentos puede surgir una deficiencia de nutrientes y enfermedades tales como la anemia, que es una falta de hierro, entre otras condiciones”, manifestó Pharel, quien también es profesor en la Universidad Carlos Albizu.
En el estudio de la medicina psicosomática, De Jesús ha comprendido que “el cuerpo humano es una pantalla donde se refleja todo: tus emociones, pensamientos y conducta”. Por eso, ambos doctores recomiendan llevar una dieta balanceada, hacer ejercicio, descansar adecuadamente, tener tiempo de ocio y relajación y visitar los distintos especialistas de la salud preventivamente.


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