El rol del padre en la crianza de los hijos

por | Empoderamiento Económico

Compartir la crianza resulta beneficioso tanto para los hijos como para los padres, pero en ocasiones este rol no se cumple por diferentes factores, como los las normas sociales que indican que la responsabilidad de criar recae en la mujer, según un estudio sobre el tema de la paternidad.

El informe sobre el Estado de la paternidad en América Latina y el Caribe del 2017, realizado por la organización Men Care, que busca promover la participación de los hombres en su paternidad y como cuidadores con equidad de género y sin violencia en América Latina, establece que “los padres que mantienen interacciones cercanas, comprometidas y no violentas con sus hijos viven en promedio más tiempo, tienen menos problemas de salud mental o física, son menos propensos al abuso de alcohol y drogas y son más productivos en el trabajo. Asimismo, manifiestan ser más felices que aquellos padres que reportan no tener este tipo de interacciones con sus niños”.

El contexto social, histórico, político y cultural en que se desarrollan los menores, tiene grandes repercusiones en su adultez. Según el trabajador social, José Montañez Agosto, quien en los últimos 5 años se ha dedicado a estudiar y analizar las masculinidades en Puerto Rico, “el primer agente socializador es la familia  y a través de ella es que el niño aprende lo que es ser hombre. Tú no naces masculino, tú aprendes a ser masculino, según lo roles que te impone la sociedad”.

En muchas sociedades patriarcales ser padre es una forma de lograr afianzar la masculinidad. La masculinidad se define como el conjunto de atributos, valores, comportamientos y conductas que son característicos del hombre en una sociedad determinada. Existen diferentes tipos de masculinidades. Está la masculinidad hegemónica, que hace referencia al hombre dominante, independiente económicamente, exitoso y proveedor. En contraparte, está la masculinidad subordinada que se representa a través de los hombres cuya capacidad económica no es tan grande, no muestran autocontrol emocional y pertenecen a las minorías.  Además, también se han analizado las masculinidades alternas en las que los hombres eligen adoptar conductas y actitudes nuevas reconociendo que las mujeres y los hombres deben experimentar los mismos derechos.

Según Montañez Agosto, desde antes de nacer, la sociedad tiene unas expectativas sobre qué color se debe pintar la habitación, cómo debe vestirse el bebé, con qué juguetes debe jugar, entre otras.

“Ciertamente para mí es un espejismo. Es irreal poder cumplir con las expectativas que tiene la sociedad sobre cómo tenemos que ser los hombres, cómo tienen que ser las mujeres y sus hijos”, opinó el investigador.

Por ejemplo, cuando su hijo tenía 5 años le preguntó: “¿papá, los niños lloran?”. Sorprendido por la pregunta, Montañez Agosto indagó sobre el origen de la misma. Resulta que en la escuela, otro niño de la misma edad que su hijo hacía popular la idea de que los hombres no lloran y para que fuese verdad bastaba con que su papá se lo había dicho. Montañez Agosto procedió a explicarle a su pequeño hijo que llorar es algo natural de todos los seres humanos.

Desde entonces, el pequeño -que ahora tiene 10 años- sabe que tanto los hombres como las mujeres lloran de tristeza y dolor, pero también de alegría. “Si le decimos de niños que los nenes no lloran, no podemos pretender que de adultos puedan manejar las emociones efectivamente”, expresó Montañez Agosto, quien posee 10 años de experiencia como trabajador social.

Aunque con la industrialización las mujeres han logrado escalar en términos profesionales, el trabajador social explica que, generalmente, “se le da el rol de cuidadora a mamá y socialmente hay una expectativa de que papá tiene que ser el proveedor, el que establece disciplina o el que lleva a jugar. Aunque se han dado pasos en cuanto a compartir roles como cocinar, cambiar, alimentar y otros aspectos como darle cariño y amor a los hijos todavía hay una brecha, hay una diferencia”.

Según Montañez Agosto, es importante que los padres estén presentes y dispuestos a llevar a sus niños al doctor, estudiar y velar por su progreso académico y dedicarles tiempo de calidad. Pero, ¿qué impide a los hombres compartir plenamente el cuidado en el hogar, preparar la comida para los niños, estudiar con ellos, cambiar pañales y limpiar los baños?

El informe sobre el Estado de la paternidad en América Latina y el Caribe del 2017 señala que las razones se relacionan principalmente con tres dimensiones:

  •  Las normas sociales y roles de género que refuerzan la idea de que los cuidados son asunto o trabajo propio de mujeres.
  • Realidades económicas y del lugar de trabajo, normas que rigen la toma de decisiones en el hogar y mantienen una división tradicional del trabajo.
  • Políticas que refuerzan la distribución desigual de los cuidados, como por ejemplo la tendencia del estado de asignar la custodia de los hijos a la madre tras un divorcio o la falta de licencias de paternidad.

Montañez Agosto destaca que los padres influyen en el desarrollo de sus hijos y esta experiencia tiene consecuencias tanto en sus propias vidas como en el entorno familiar futuro. Por tanto, la corresponsabilidad de los padres en la crianza de los hijos y las tareas del hogar es fundamental para alcanzar la equidad de género.

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