La violencia de género es un ciclo destructivo que puede afectar a cualquier persona. La clave para sobrevivirla está en reconocer las señales tempranas y rodearse de una red de apoyo que te permita dar el primer paso hacia una vida libre y plena.
La violencia de género se refiere a actos de agresión, ya sean físicos, emocionales, o sexuales, dirigidos a una persona. Aunque afecta mayormente a las mujeres, cualquier persona puede sufrirla.
María Cristina Muñoz, portavoz de la organización Coordinadora de Paz para la Mujer explica que «no hay un perfil específico de una persona que será sobreviviente o agresora. Esto le puede pasar a cualquier tipo de persona”. Es decir, que la violencia no está relacionada con una edad, cierto nivel de escolaridad o estatus social, entre otras características. Por tanto, hay que poner atención a las señales de advertencia.
Identificando las “banderas rojas”
Uno de los primeros indicios de violencia es querer tener el control sobre la vida de la otra persona. Puede comenzar con pequeños comentarios sobre cómo te vistes o con quién pasas tu tiempo. A primera vista, estas acciones pueden parecer muestras de cariño o preocupación, pero a largo plazo, son formas de control. Según Muñoz, es importante estar alerta ante estos «red flags» o banderas rojas ya que “son pequeñas manifestaciones, que a veces parecen inofensivas, pero que con el tiempo pueden tornarse peligrosas”.
Lenna Ramírez, directora de la Casa Protegida Julia de Burgos, comentó que muchas veces “la violencia comienza de manera psicológica, emocional, con chantajes y poco a poco escala, afectando profundamente la salud emocional de la persona”. Algunos ejemplos de violencia emocional son los comentarios hirientes o desmotivadores, manipular a la otra persona para que haga cosas que no quiere hacer y el aislamiento de las redes de apoyo, como amigos y familiares.
Según explicó Muñoz, a veces, bajo la excusa de «pasar más tiempo juntos», la persona comienza a acaparar el tiempo de su pareja y la aleja totalmente de su red de apoyo, haciéndole sentir -y creer- que está sola. Entonces, poco a poco, la sobreviviente queda atrapada en una relación donde el agresor controla todos los aspectos de su vida.
Ramírez, quien además vivió en carne propia una relación violenta, destacó que “después de cada episodio, te convencen de que todo cambiará, que fue un error y tú quieres creerlo. El ciclo de violencia te consume y te paraliza, te hace dudar de tus propias decisiones y merecimientos».
¿Cómo sobrevivir a la violencia?
Ambas entrevistadas destacaron que salir de una relación violenta es un proceso complejo y doloroso, pero no imposible. «Lo más importante es recordar que tenemos derecho a una vida libre de violencia, y que merecemos más. No tenemos que conformarnos con el maltrato», aseguró Ramírez.
Identificar las señales de violencia y hablar con alguien de confianza es crucial. “Siempre sabemos cuándo algo no se siente bien, pero nos acostumbramos a callarlo. Hay que escuchar esa voz interior”, destacó la directora ejecutiva.
En Puerto Rico, organizaciones como Paz para la Mujer y la Casa Protegida Julia de Burgos son algunas de las organizaciones en Puerto Rico que se dedican a brindar apoyo a las personas que sobreviven a la violencia. En el caso de la casa protegida, no solo ofrece refugio, sino también asistencia legal y psicológica, además de programas educativos que buscan prevenir la violencia.
En entrevista con Mujer en Voz Alta, Ramírez destacó la importancia de la educación y la prevención. Asimismo, señaló que una vez se vive un evento de violencia, “la sanación toma tiempo, pero no estás sola. Cada cicatriz, tanto física como emocional, puede sanar con el apoyo adecuado y el acompañamiento necesario». Al final del día, la clave está en saber que siempre hay una salida, y que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de valentía.


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